El torbellino en que giraba últimamente su vida la llevó
a muchos sitios. Por algunos pasó de soslayo, en otros se quedó anclada para
siempre. Había llegado a convencerse de
que la capacidad de sorprenderse se pierde con la edad, es lo que siempre le
habían dicho. Pero haciendo recuento de
sus sorpresas, recuerda con una claridad cristalina que su mayor sorpresa había
sido días antes de cumplir los 45, con aquel hombre que no era su marido; le
sorprendió lo fácil que le resultó tener un orgasmo con él, a pesar de no
conocerlo, y lo moreno que era.
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miércoles, 8 de enero de 2020
NOCTURNIDAD
En la oscuridad, cuando
las calles quedan solitarias y la luna lo inunda todo con sus destellos de
aventuras, se percibe intimidad y respeto en cada rincón; el suave siseo de una
lechuza, el sonido de la brisa contra las ramas de los almendros, los destellos
de luces lejanas, coches aparcados que parecen más objetos que nunca…
La noche era casi primaveral,
se palpaba serenidad y ganas de volar. En una esquina, oculto tras un
contenedor, un coche rojo cereza con una tenue luz en su interior sugería
movimiento, y permitía adivinar a sus habitantes, aún sin detenerse a observar;
los cristales empapados de vaho espirado
en exhalaciones convulsas, movimientos perceptibles pero no visibles, suspiros,
susurros, roce de tejidos, siseos, y silencio.
Nuevos susurros, risas contenidas.
Recordé tiempos lejanos, donde noches así
invitaban a besos húmedos, y sonreí.
Pero Allí, a oscuras, en aquel coche
rojo cereza, casi en mitad del campo, aquellos dos adolescentes solo chateaban,
con sus magníficos móviles de última generación.
Volví a sonreír.
jueves, 4 de mayo de 2017
... A UN FUERA DE LA LEY
Querido hijo adolescente:
Echo de menos tus caricias a
media tarde, arremolinados en el sofá como un todo que descansa de miles de
rutinarias aventuras; y tus risas inocentes e incondicionales, alejadas de la
realidad, que miraban hacia un futuro amplio y arrogante, que no temían a nada;
ambiciosas. Y ahora, que crees que ya no me necesitas, que te sientes
autosuficiente para vivir, que lo mismo levantas rascacielos que los destruyes,
me asusta que te alejes, y que cierres tus fronteras al mañana; que te olvides
de quien eres. Ahora que quieres estar al margen de la ley, que eres menos
adulto de lo que te crees, me da miedo
que me dejes en un desierto lleno de personas, pero sin ti.
Ahora, cariño, quiero que
sepas, por cursi que resulte, que eres la llama que alumbra mi existencia, y
que por más lejos que te vayas yo continuaré en el mismo sitio.
domingo, 3 de noviembre de 2013
¡OTRA VEZ HE PERDIDO LAS LLAVES!
Los
rayos de sol, filtrados entre las cortinas, dibujaban un signo de admiración en
la pared. Le pareció un mensaje divino. Sin embargo el bisbiseo de la mosca
frente a los cristales le sonó a castigo, a torpeza y angustia. Provocaron su
ira y sus bajos instintos y le hicieron levantarse buscando un objeto con el
que espachurrarla. En el trayecto hacia el insecto descubrió, sobre la mesita,
el manojo de llaves que llevaba buscando durante dos horas. Siempre olvidaba donde las había
puesto. Eran un objeto tedioso al que dedicaba
muchos minutos al día. Abre, cierra, guárdalas, encuéntralas, búscalas,
piérdelas… Y vuelve a buscarlas. ¿Qué hacían allí? Debió dejarlas ayer, durante
la discusión con su hija. En esos momentos era cuando más cosas perdía. Perdía
las llaves, la dignidad, la quietud, la cordura, la calma; y se perdía en mil conjeturas que ponían en duda su
maternidad, junto a la imagen de la primera vez que la vio, encima de una de las mesas del
paritorio, al lado del lavabo. Tenía unos grandes ojos oscuros y una mirada de
personaje de García Márquez. Fue lo único que pudo ver al mirarla, sus ojos de
par en par abriéndose a la vida.
Durante
esas tormentas, no había razones, ni rencores, ni vencedores ni vencidos; solo
voces, insultos y gritos, balas de palabras que intentaban herir al contrario.
Y después, cuando llegaba la calma, solo podía recordar aquellos grandes ojos
de par en par.
A la chica de los grandes ojos abiertos a la vida
lunes, 24 de diciembre de 2012
ANIVERSARIO
Cuando hice la primera entrada en este blog, a modo de
experimento, y en estas mismas fechas, no imaginaba
que iba a ser capaz de actualizarlo a lo largo de dos
años. ¡Gracias por vuestras visitas!
Os dejo las entradas más leídas en este tiempo.
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jueves, 22 de noviembre de 2012
AMISTADES PELIGROSAS
Allí, en aquel rincón, contra el portón, nos comíamos
a besos como dos adolescentes, para luego, volver a la frialdad de cruzarnos
como desconocidos por las calles de la ciudad. Ya lejos del portón, cuando nos
despedíamos, yo solía decir, con una contenida burbuja de deseo explotándome
por dentro:
- ... y ni siquiera puedo besarte.
Recordándome mi destino, me contestabas lanzándome un
suave beso al aire:
- Tu mujer no lo permitiría.
jueves, 29 de diciembre de 2011
BESOS PARA CELEBRAR
Para celebrar el nuevo año, e increíblemente mi primer año de blog, os dejo un comentario que dejó Pijoaparte en la primera entrada.
Catulo tenía un epigrama sobre los besos. Al parecer, si alguien era capaz de contar los besos que se daban los amantes, la relación podía romperse debido al mal de ojo de los envidiosos:
Vivamus mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum severiorum
omnes unius aestimemus assis!
soles occidere et redire possunt:
nobis cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.
da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut ne quis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum
O lo que es lo mismo:
Vivamos, mi Lesbia, y amémonos,
y las habladurías de los viejos puritanos
nos importen todas un bledo.
Los soles pueden salir y ponerse;
nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,
tendremos que dormir una noche sin fin.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para ignorarla
y para que ningún malvado pueda dañarnos,
cuando se entere del total de nuestros besos.
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